Aarón 的个人资料Antimateria照片日志列表更多 工具 帮助

日志


1月13日

Soñar a escondidas

En la oscuridad de tu cama te abrazo y me arropo con el aroma de tus suspiros.


No sé lo que esperas de mí ni lo que yo espero de ti.


No quiero cortarte las alas, te traicionaron tus ojos al verme dormido.


¿Para qué quiero alas, si a tu lado ya vuelo?, soñé despierto a escondidas de mi razón.

1月6日

La última vez

La vuelta de llave que me invitó a entrar abriéndome la puerta sonó más silenciosa de lo habitual, así que un escalofrío casi premonitorio me recorrió la espalda, despacio, de arriba a abajo, haciéndome temblar casi imperceptiblemente bajo el abrigo. Tal vez por eso me olvidé de saludar al entrar, como hacía siempre, esperando otro saludo, o incluso un beso quizá, como bienvenida al que desde hacía un tiempo, no demasiado, se estaba convirtiendo en algo muy parecido a mi hogar.
Pero no saludé, dejando entrar así al silencio que desde que saqué la llave del bolsillo, quien sabe si incluso desde antes, estaba esperando, acechante, para entrar y no callar hasta enfrentarnos, y luego alejarse de nosotros entre las risillas malévolas de aquel que disfruta haciendo daño, sólo por fastidiar.
No vi a nadie, aunque tampoco me molesté mucho en buscar, pues lo único que quería era quitarme de encima el abrigo con la vana esperanza de quitarme  con él el mal presentimiento que desde hacía unos instantes que se me antojaban eternos me abrazaba, oprimiéndome justo a la altura de las costillas para que me costara respirar.
Avancé, casi corrí, por el pasillo hasta su habitación -perdón, nuestra habitación. Después de dos meses conviviendo, aún no me había acostumbrado a estos detalles de vocabulario-, me desembaracé del abrigo transformado por mi subconsciente en una especie de camisa de fuerza e inspiré hondo, permitiéndome el lujoso error de dejarme invadir por un alivio que al espirar resultó ser una mera ilusión, pero que, eficiente, cumplió con su deber y me cegó vendándome los ojos con la calma que precede a la tormenta.
Alcé la vista y allí estaba, de pie, como la primera vez que nos vimos, tal y como acudía a mis recuerdos cada noche a pesar de estar a escasos centímetros de mí en su -nuestra- cama. Pero sus ojos azules me rehuían, no me miraban, al menos no como entonces, llenos de pasión, de luz y misterio, puede que incluso lujuria... Nunca se lo pregunté.
-Tenemos que hablar -el tono de su voz, inseguro y oscilante, casi quebrado, me reveló más que sus palabras, ya de por sí reveladoras, mas prácticamente inaudibles por culpa de ese estúpido silencio que inconscientemente había dejado entrar. Había estado llorando.
Seguí sus pasos sin ruido a lo largo de un pasillo que no recordaba tan largo, de paredes tal vez un día blancas, desnudas, que en ese instante me parecieron deprimentes. Una parte de mi cerebro, la más cobarde -o tal vez la más inteligente-, decidió ausentarse para pensar qué hacer para recubrir tanto espacio vacío, qué cuadros colgar o qué pósters pegar... La otra parte de mí, de la que era realmente consciente -a la otra la dejé de escuchar casi de inmediato-, la que prefería pasar por todo aquello una vez más, quien sabe si por masoquismo o por si, de forma ilusa, esperaba aprender algo de una vez por todas, simplemente estaba bloqueada, esperando lo inevitable, llegados a ese punto.
Se adentró en el salón y se detuvo frente a la ventana del fondo, grande y luminosa, de forma que su silueta, y sólo su silueta, se dibujaba definida con precisión. Al contraste con la luz, su pelo claro parecía oscuro y sus ojos azules, envueltos en sombras.
La claustrofobia me abofeteó con un golpe de ansiedad que reprimí como pude, confinándolo a las paredes de mi estómago, de forma inmediata...
Aunque nunca lo estaba, deseé con todas mis fuerzas que la televisión, o la radio, o algo que produjera algún sonido estuviera encendido para alejar de mis oídos el zumbido que, incansable, monótono, inundaba con su silencio la distancia que en esos momentos era mucho mayor que los escasos metros que nos separaban.

Y el silencio se fue, y aunque cada fibra de mi ser lo estaba esperando, me pilló completamente desprevenido.

Me lanzó una palabra de significado indiferente, pero afilada e hiriente, que apenas pude esquivar con un suspiro de resignación y que se estrelló en la misma pared donde tantas otras palabras se habían estrellado antes, haciéndose añicos, como le habría pasado a los platos, jarrones o figuritas de porcelana que de haber tenido a mano en ese momento me habría lanzado, marcando, con el mudo estrépito de los pedacitos al caer, el final de una tensión palpable que palpablemente nos hería y el principio de una competición sin sentido. Entonces su mirada se crispó y sus ojos me hablaron sólo para maldecirme, y por primera vez me sentí derrotado antes de empezar.
 
No quedaba nada, ¡absolutamente nada!, en aquellos ojos que reconociera como mío... Como nuestro.
 
Tanto tiempo deseando que fuera la última vez que discutíamos... Y ahora la certeza de que esa era realmente la última me acuchillaba con garras rápidas e impasibles desde dentro para desangrarme sin piedad allí mismo.
1月4日

Definición de "flechazo" (según mi diccionario)

A veces la magia especial de una mirada es la casualidad...
A veces, por casualidad, derrocho todo mi ser en una de esas miradas.
Y a veces, también por casualidad, todo un ser me es devuelto como pago en otra mirada de magia especial...

¿Cuál es la probabilidad de que tantas casualidades sucedan en un mismo instante?

Cuando esa probabilidad ínfima ocurre...

...lo llamo flechazo.
12月29日

Pequeñas diferencias

Tu vives en el cielo en el que habitan las estrellas...



...yo en el que vuelan los pájaros que tengo en la cabeza.



-Me gustan los pájaros -dijiste.



Y a mi las estrellas, pensé.

12月1日

Carta a nadie

Querido alguien que antes era importante para mí:

Es tarde, lo sé, pero aún así todavía no he aprendido que muchas veces, por no decir casi siempre, es mejor darle la espalda a las obsesiones que te asaltan mientras duermes, darte la vuelta en la cama y seguir durmiendo... Dejar que fluyan... Pero... Ya ves, me he levantado y me he puesto a escribirte (primero un sms que nunca enviaré, y después ésto...). A ti, que sé que nunca leerás estas palabras, no sé si por desconocer la existencia de esta carta, o por falta de interés en leerla. Sea como sea, estoy convencido de que ni siquiera te importa que la haya escrito.
Pero ya no me hace daño que no tengas interes por mis palabras... Ni por mi vida. Perdiste ese poder sobre mí, me gustaría decir que hace mucho.
Me costó sacarte de mi vida, aun sin verte... Tal vez deberías haberme dado algunas clases particulares, teniendo en cuenta lo bien que se te dio a ti sacarme de la tuya... Y por el módico precio de un sms!!! Pero parece ser que yo tengo sentimientos, o que al menos los míos eran de verdad... Sé que nunca fueron correspondidos, era imposible que así fuera... Al menos en la medida que me hubiera gustado, pero al menos hasta esta noche había mantenido la ilusa esperanza (auqnue supongo que en cierta medida todas las esperanzas son ilusas) de que al menos la amistad sí era recíproca...
Pero no, me niego a echarte de mi vida. No quiero tirar a la basura dos años de amistad porque sí. Quiero que al menos sean un buen recuerdo, eso si consigo que los malos recuerdos no los nublen... Demasiado odio... Claro que también te dediqué demasiado amor...

Aunque rompiera en pedacitos de papel tu hueco en un cuaderno azul de cumpleaños (en el cual nunca llegaste a escribir, por cierto...), no significa que no tenga un hueco para ti en mi memoria... Cuando quieras, si es que algún día quieres, podrás volver a ocupar una parte de mi vida entrando por ese hueco.

Sin nada más que decirte, me despido hasta siempre...
4月28日

Un trazo

Un trazo que se pierde en el tiempo,
perdida la esperanza en los sueños,
caminos secretos de pasos inciertos,
pasos inciertos de un incierto dueño.

Definiciones erróneas entrelazadas,
realidad y ficción en un mismo bar,
bien y mal bajo un mismo disfraz
de los colores que visten mi cama.

La luz sigue siendo luz al brillar,
el agua sigue fluyendo sin cesar,
el tiempo mira su reloj, nunca atrás.
Todo es lo mismo, pero nada es igual.

Las palabras me pesan como nunca,
las palabras repetidas hoy pesan más,
Sigo ahorrando palabras en mi hucha,
palabras que por siempre me pesarán.

Un trazo perdido en el tiempo,
un trazo para escribir lo que siento...
Solo pido un trazo... Nada más.
11月29日

A medio camino entre el recuerdo y el olvido

Hace tiempo que me cuesta pensar sobre mi relación con las cosas que me rodean y la relación que tienen ellas entre sí, que no me preocupo más que de mirar sin ver para no sufrir, que me preocupo más de lo que quiero sentir que de lo que siento.

Hace tiempo que me comporto como un robot sin alma, que camina por un mundo de robots sin alma, computando datos superfluos, transformándolos en palabras que interactúan con otras para dar forma a conversaciones carentes de toda trascendencia.

Hace tiempo que no soy, que no pienso y que no actuo como yo, porque hace tiempo que descubrí que ser yo no da buen resultado, aunque tampoco lo da no ser yo, pero ésto es más fácil.

Hace tiempo que no miro atrás en busca de pistas para seguir adelante y sólo lo hago para lamentarme por el tiempo pasado, no siempre perdido, aunque jamás recuperable; que no busco la fórmula que sirva, tras aplicar las matemáticas adecuadas, para resolver problemas de los que ningún profesor enseña porque no se pueden enseñar.

Hace tiempo que desterré de mi diccionario el significado de palabras como confianza, amistad y amor, porque el mayor ejemplo que conocía al respecto resultó ser un fraude, y los reescribí basandome en las connotaciones de mi experiencia, y que mis razonamientos se volvieron tan lógicamente crueles que me asustan.

Hace tiempo que no hablo con alguien que me haga sentir comprensión recíproca, aunque no sea más que por un hábil truco o un simple ilusionismo de palabras colocadas estratégicamente para aparentar un significado adecuado para cualquier situación llenando así de ilusión un corazón diseñado para repelerla.

Y anoche, por un instante, he creido pensar sobre todo y sobre nada, ser un poco menos robot y más humano, más yo aunque no sirva de nada. He creido mirar con un ojo atrás y con otro adelante para leer el enunciado del problema sin solución que nadie enseña. He creido recuperar el significado de palabras huecas y hablar con alguien a quien creo comprender y que espero que me comprenda...

Pero sólo ha sido un instante, y después el presente que acortaba la distancia que separa el pasado del futuro ha desaparecido haciendo que todo se pierda a medio camino entre el recuerdo y el olvido.

11月22日

Y Ahora

 
Me dije que no volvería a entregar mi corazón en bandeja de plata,
 sin condiciones, ni premisas, ni esperanzas guardadas.
Me dije que nunca más volvería a dejarme la vida en una batalla perdida.
Me dije que aquella sería la última vez que lloraría...
 
Me dije tantas cosas... Y ahora...
 
Moriría por borrar de un suspiro
esta distancia infinita de aire vacío
que separa tu sentir del mío.
Viviría para ser el ritmo en tus latidos,
para saber que esto tiene un sentido
distinto al que me marca el destino.
 
Me juré que no volvería a sacar de su caja mis pinturas de colores,
ni de mi boca esas palabras, ni de mi voz estas canciones.
Me juré que nunca más volvería a olvidar el dolor que el odio me hacía.
Me juré que aquella sería la ultima vez que sangraría...
 
Me juré tantas cosas... Y ahora...
 
Viviría para borrar de un suspiro
esta distancia infinita de aire vacío
que separa tu sentir del mío.
Moriría por ser el ritmo en tus latidos,
por saber que esto tiene un sentido
distinto al que me marca el destino.
 
Y ahora...
 
La distancia se mide en suspiros
que infinitos llenan el aire vacío
para separar tu sentir del mío.
 
10月2日

Idiota

Hoy el día ha avanzado más lento que de costumbre...
Llego a casa, por fin. Me encierro en mi cuarto. Enciendo el mp3 y, tan alto como soportan mis oídos, pongo la primera canción que encuentro; un sólo acorde de guitarra se repite durante unos segundos, que se me antojan tan efímeros como eternos, que de forma hipnótica y delicada crean una barrera invisible que me protege del confuso mundo exterior y una atmósfera introspectiva que me hace reflexionar al instante. Sólo una canción me hace sentir así, como realmente me veo...  Y sólo esa voz frágil, dulce, triste, resignada y delicada, todo a la vez, que empieza siendo apenas un hálito, podría ponerle letra a mis emociones...
 
Ya está ahí la luna, qué perra la vida y esta soledad.
No quisiera perderme tu tren y saber lo que es malgastarte.
Podría coger cualquier autobús con tal de un beso más,
pero tengo pesado el hogar y ya no puedo hacerlo igual.
 
Temo la soledad que llega con cada luna, con cada noche de esta vida perra que me recuerda a cada paso que estoy dejando pasar todas mis oportunidades de ser feliz, perdiendo todos sus trenes por entretenerme demasiado decidiendo cual escoger... Pero sé que tarde o temprano llegará esta noche que temo al igual que tarde o temprano volverá a llegar la mañana... Tarde o temprano estaría dispuesto a cualquier cosa por volver atrás, por recuperar, aunque solo fuera, una mirada más (ya no un beso, de esos nunca tuve), pero no... El hogar que me he construido a partir de los escombros que dejaron de mi corazón pesa demasiado como para abandonarlo sin más... Ya no es tan fácil coger un autobús y regresar.
 
Puede que mañana me quiera ir,
y puede también que mañana sea la vida
y que mañana... no exista mañana...
 
Un nuevo elemento se une al acorde solitario de guitarra rozando mi corazón directamente a través de mis oidos, aunque llegado este punto ya no sé si la música viene de fuera o de dentro, aumentando la sensación de intimidad absoluta que se tiene cuando se está buceando en lo más profundo de un mar de lágrimas reprimidas en busca de uno mismo. Mañana estaré mejor. Mañana tal vez levante el vuelo y me vaya para siempre de la comodidad de no arriesgar... O puede que decida empezar a vivir la nueva vida que he buscado y estoy a punto de conseguir, sólo tengo que alargar la mano y sujetarla con fuerza... O puede que no exista ningún mañana por el que luchar, puede que todo ya haya terminado y aún no me haya dado cuenta... Puede que haya gastado todas mis fuerzas en salir del ayer y no me quede ninguna para el mañana... Puede que lo único que me quede por hacer sea despedirme y terminar.
 
No soy una niña, no soy ese duende,
no soy luchadora, no soy tu camino.
No soy buena amante ni soy buena esposa,
no soy una flor ni un trozo de pan.
Sólo soy esa cara de idiota... Idiota...
 
El bajo se une a la voz en perfecta sincronía haciéndome ver que no soy nada de lo que me gustaría ser; perdí mi inocencia infantil sin darme cuenta, apenas conservo su recuerdo, no soy dulce ni tengo fuerza suficiente para aguantar nada, no sirvo para guiar a nadie, mucho menos para ser el camino por el que andar, no sé querer ni dejarme querer... No soy tan amable, sólo soy tonto... Sólo soy idiota...
 
Idiota por tener que recordar la última vez que te pedí tu amor.
Idiota por colgar tus besos con un marco rojo por si ya no vuelvo a verlos más.
Idiota por perderme por si acaso te marchabas ya,
y tirar tu confianza desde mi cama
hasta esa ventana...
 
Y es que son tantas las veces que lo único que me queda es recordar la última vez que pedí un abrazo, una sonrisa o una palabra, que no puedo evitar sentirme idiota... Soy idiota por guardar cada momento, para mi especial, como si fuera el último, derrochando emociones e ilusión que ahora no sirven más que para doler como una herida mal curada, idiota por refugiarme en mi soledad por temer quedarme solo en mi vida de un momento a otro... Soy idiota por preocuparme tanto de no perder su confianza que no me di cuenta de que así la perdía... Soy idiota por obligar a que me abandonen... Es ahora, justo cuando la guitarra electrica refuerza una voz que sin haberme dado cuenta ha ganado intensidad paulatinamente, cuando encuentro las lágrimas que no derramé aquel día. Hoy tampoco las derramaré, ya no tiene sentido...
 
No ves que fácil ha sido para mí
perderlo todo en un momento
por mi miedo a perder, por mi miedo a perder,
por mi miedo a no controlar tu vuelo.
 
Ahora lo veo tan claro... Tenía tanto miedo a perderte, tanto miedo, que te obligué a dejarme atrás, me hice una carga en tu vida... Tenía tanto miedo a que te dieras cuenta de que no sirvo para nada y huyeras de mí... Tenía tanto miedo que no luché y lo perdí todo en un abrir y cerrar de ojos sin más dificultad que la de leer unas palabras en una pantalla... Ahora la música es plena emoción, todo melodía imbuida en una fuerza inexplicablemente intensa que acompaña a una voz que te transporta a un mundo donde viven las lágrimas de frustración no derramadas jamás...
 
No soy una niña, no soy ese duende,
no soy luchadora, no soy tu camino.
No soy buena amante ni soy buena esposa,
no soy una flor ni un trozo de pan.
Sólo soy esa cara de idiota... Idiota... Esa cara de idiota...
 
No soy ni tengo nada por lo que alguien como tu quisiera tenerme a su lado. No soy ni tengo nada por lo que nadie quiera tenerme a su lado. No soy alegre, no soy inteligente, no soy entretenido ni nadie del que puedas aprender algo, no sirvo para dar consejos, no sirvo ni siquiera para estar ahí sin hacer nada... Sólo soy un idiota... Sólo eso...
 
No ves qué fácil ha sido para mí
perderlo todo en un momento.
 
La música, con toda la fuerza que sólo las mejores canciones logran alcanzar, termina a la vez que la letra dejando resonar el último acorde mientras la voz se extingue regresando al silencio del que salió sólo para hacerme derramar esas lágrimas que ya no tenía sentido que derramara...
 
¿Ves? Soy idiota...
8月6日

Introducción

Dos figuras encapuchadas rompían la línea del horizonte nocturno con su movimiento sigiloso. La luna estaba llena, pero a pesar de la claridad era imposible distinguir lo que llevaban en brazos.

Aunque el camino que seguían, el que llevaba hacía la cima del monte que había cerca del pueblo, no era muy peligroso, caminaban con extrema precaución y sigilo, como si no quisieran romper con el sonido de sus pisadas el silencio anormalmente respetado por los grillos, lobos y demás animales nocturnos.

Ya muy avanzada la noche llegaron a su destino. Tras observar durante unos momentos los elementos que rodeaban la escena en la que se habían detenido, uno de ellos se acercó, seguido inmediatamente por el otro, hasta una roca grande de superficie bastante regular y empezó a colocar con cuidado, como si se tratase de una mesa de fino cristal en lugar de una piedra, lo que había estado cargando en brazos toda la noche; unas velas, unas piedras de colores, un cuenco y unas hierbas aromáticas para quemar.

"Es nuestra última oportunidad", dijo el hombre mientras sostenía en sus brazos un bulto de mantas que envolvían a un bebé dormido.

"Es nuestra única oportunidad", le corrigió la mujer que estaba a su lado, mientras se acercaba al altar que habían improvisado sobre la roca y encendía las velas que dejaban completos los detalles del ritual.

"¿Crees que funcionará?", preguntó el hombre un tanto temeroso.

"Tiene que hacerlo... Después de todo, es lo mejor que podemos ofrecerle. La magia desaparecerá de nuestro mundo con esta noche, y entonces la guerra y el caos se adueñará de nuestros destinos... ¡¡No quiero eso para nuestro hijo y sólo hoy tendremos poder suficiente para evitarlo!!"

"¿Crees que el mundo de la tecnología será el adecuado para él, para nuestro heredero, el heredero de toda la magia que ha existido y existirá?"

"Sabes que eso no es así, lo sabes...", la mujer le miró intensamente a los ojos y no apartó la mirada hasta asegurarse de que no quedaba rastro de duda en las pupilas del hombre. "Si se queda aquí será el heredero de nada y su destino será la miseria y la muerte."

"Tienes razón. Siempre la tienes... Será mejor que empecemos, el cielo empieza a clarear."

"¿Tienes la carta?"

"Por supuesto." Dijo el hombre escondiendo un trozo de papel entre las mantas del bebé. A continuación lo depositó con sumo cuidado en el centro del altar y, muy despacio, como si hacerlo le requiriera mucha más energía de la que poseía, lo soltó.

"Estará bien." Trató de tranquilizarle la mujer sin mucho éxito, pues ella misma seguía preocupada, mientras trazaba un círculo alrededor de su hijo con una tiza blanca...

Entonces se cogieron de la mano y empezaron a invocar a los dioses de la Naturaleza, el Tiempo y el Cosmos en silenciosos murmullos. El círculo de tiza empezó a brillar tenuemente y fue ganando intensidad según los cánticos de sus padres también lo hacían.

Y de pronto un fogonazo de luz cegadora invadió todo lo que alcanzaba su vista según el sol asomaba por el horizonte, indicándoles que toda la magia del mundo había desaparecido.

5月20日

Últimas palabras de un deseo de morir

-No sé por qué sigue como hasta ahora, luchando por cosas en las que ha dejado de creer cuando la casualidad -que ahora que lo pienso, rara vez había sido mi aliada- le abrió unos ojos cómodamente cerrados a esa luz que no quería ver. Tal vez la luz fue excesiva y su intensidad le cegó, haciéndole ver unas visiones alteradas de una realidad no tan exagerada y tremendista como la sintió, o tal vez vio más allá de lo que nunca había visto. Por unas causas o por otras, fue cuando te vio mucho más cerca de lo que realmente estabas, tal vez a causa de un deseo siempre silenciosamente anhelado y siempre mecánicamente rechazado... hasta entonces.
>>Estaba solo en la soledad del mundo cuando en la habitación del fondo están durmiendo, y tú estabas con él, como con todos, pero no estabas. No debería haberte visto, ni siquiera deberías ser para él la sombra que eres para quienes deben verte para continuar su camino de tu mano dejando atrás todos los demás caminos ya andados, pero deseaba tanto alcanzarte por fin que -tienes que reconocer que incluso a ti te sorprendió- te vio claramente en toda tu plena oscuridad, aunque ni siquiera se dio cuenta. Su corazón volvió a latir con una dolorosa emoción que lo embriagó, pues hacía semanas que no latía más que lo suficiente como para arrastrarle de un minuto al siguiente, y, eufórico de dolor, emanó la adrenalina que nace del pánico de conseguir lo prohibido.
>>Entonces fue cuando más claro me escuchó y se apresuró a visitarte, aun sin verte a su lado a pesar de haberte visto. Buscó un camino para llegar a ti que encontró sin apenas esforzarse, pues lo había estado pensando, aun sin querer, durante todas las noches desde que estoy a su lado. ¿Qué paso entonces? ¿Me lo explicarás?
-Esa noche le detuve, corté en seco sus intenciones, frío como el acero pero sin apenas apretar, y le marqué el límite con una línea roja para que no la olvide aunque ya haya desaparecido.
-Entonces es por eso por lo que sigue estudiando a pesar de no saber para qué, sigue comiendo aun cuando la comida le rechaza, duerme aunque no quiera... Vive aunque no le encuentre sentido a la vida... Pero entonces... ¿que hago aún aquí?
>> ¡Ah...!
>>Comprendo... Es extraño que yo, siendo quien soy, no me haya dado cuenta antes...
>>De su parte -que no de la mía- te doy las gracias, pues tardará en volver a verte y, cuando lo haga, no te lo agradecerá ya que en realidad ni siquiera se habrá dado cuenta de que ya no estoy con él...
...estará mejor ahora que me voy contigo.
5月12日

Pincel

No quiere el pincel pintar
el sabor de adioses amargos.
Se niega, trazo a trazo,
color negro sobre blanco,
color blanco sobre mal.
Colores mal combinados:
rojo cielo y gris metal,
rosa oculto tras amistad,
odio latente y verde apagado
como el ánimo amainado
del pincel esclavo
de mi voluntad.
El cuadro se ha empañado..
¡Lágrimas, dejad de llorar!
Error no calculado,
y vuelta a empezar...
Pero esta vez, más atrás.
5月8日

Hoy va a ser especial

Despierto antes de que sonara la alarma del teléfono móvil, justo antes de que en la habitación de al lado el ruido característico de alguien que se levanta tratando de no despertar a los demás me indicara que el día había comenzado, decido tomarme un día libre. Hoy no iré a clase, hoy no estudiaré… “Después de cuatro meses estudiando casi a diario, 24 horas de estudio más o menos no se notarán”, he pensado.
Volverme a dormir es la oferta más tentadora, pero ahora que estoy solo en el piso y que, aún sorprendiéndome a mi mismo, no tengo sueño, me levanto.
Tortitas. Decido desayunar tortitas. Tortitas con, a falta de chocolate y nata, caramelo. Siempre que las tortitas han intervenido en mi vida, han hecho de ese momento concreto uno bueno, así que me ha parecido una buena forma de empezar el día.
Hoy no quiero que sea un día normal. Hoy voy a sonreír. Hoy voy a olvidarme de mis problemas y a ser feliz. Quizá salga a dar un paseo mientras saboreo un helado gigante (¿stracciatella?), o vuelva a visitar la feria del libro que hay en la plaza esta semana o, hablando de libros, siga con la lectura de uno sobre una misteriosa ceguera blanca que compré ayer recordando una recomendación tiempo atrás formulada. Tal vez lea algún cómic o retome viejas historias olvidadas en algún caber-rincón del ordenador. Puede que decida emprender algunos proyectos que me rondan la cabeza últimamente para los cuales no necesito más que lápiz y papel… O puede que haga de todo un poco. A fin de cuentas, un día bien aprovechado puede dar para mucho… Aunque si lo pierdo descansando, mientras sea con una sonrisa, tampoco me importará mucho.
No sé, pero lo que tengo claro es que hoy no va a ser un día más. No quiero que lo sea. Hoy quiero que todo me parezca bien. Hoy no pienso recordar nada de los últimos días, ni semanas, ni meses…
Hoy, por primera vez en mucho tiempo, voy a ser feliz.
 
Canción del día: Sonrisa especial (El Sueño de Morfeo, Nos vemos en el camino)
 
Te sientes distinto
al resto de la gente.
Te sientes distinto,
te sientes diferente.
Te dice tu instinto
que hoy vas a tener suerte.
Te sientes bien
y es que hoy nada es como ayer.
 
Se vive, se nota en el ambiente
que todo esto a ti te divierte…
 
Hoy vas a comerte el mundo,
hoy no pierdas un segundo
y a disfrutar,
tu sonrisa lucirás.
(lucirás tu sonrisa más especial)
Aunque existan los problemas
todo marcha sobre ruedas
y gritarás: “¡todo va a cambiar!”
 
Te sientes distinto,
se acabaron tus penas,
es todo optimismo,
ves la botella medio llena
y sientes que corre
la sangre por tus venas,
te sientes bien
y es que hoy nada es como ayer.
 
Se vive, se nota en el ambiente
que todo esto a ti te divierte…
 
Hoy vas a comerte el mundo,
hoy no pierdas un segundo
y a disfrutar,
tu sonrisa lucirás.
(lucirás tu sonrisa más especial)
Aunque existan los problemas
todo marcha sobre ruedas
y gritarás: “¡todo va a cambiar!”
 
Te sientes distinto
al resto de la gente.
4月1日

20 años

Otro segundo, otro minuto, otra hora...
Y con esta ya son más de 36 las horas que seguidas, una tras otra, cierra la puerta a Morfeo para no enfrentarse, una vez más, al mundo de los sueños que tanto añora, que tanto teme, y evitar así confesarse esos pecados que no quiere ver pero conoce y reconoce, de los que sabe las consecuencias demasiado bien y no quiere aceptarlas negándolas como se negó y a veces aun se niega a sí mismo.
 
Otro día, otro mes, otra primavera de otro año. Otro primero de abril...
Y justo hoy hacen 20, dos décadas ya, que él llegó a un mundo para el que no estaba preparado. Para el que aun no está preparado. Para el que quizá nunca lo esté.
Y... ¿qué tiene después de tanto tiempo perdido? Nada. O menos que nada. Le queda una antorcha ya ofrendada hasta el borde de la extincion cuya llama es a veces mera chispa, a veces apenas luz, pero que se mantiene viva por el recuerdo y por temor a la oscuridad. Una llama cuasiextinta entregada a cambio de nada. Regalada. No le queda ni lo intrínsecamente propio. Nada.
Los que quisieron hacerle feliz, los que realmente lo quisieron, terminan sintiendo por él algo cercano al odio. O a la indiferencia. O a lo uno disfrazado de lo otro. O a ninguno.
Y es que no sabe cómo vivir. No sabe convivir, ni cómo relacionarse con aquellos a los que quiere... ¿Cómo pudo, cómo puede pasársele por la cabeza siquiera tratar de saber convivir con aquellos que le quieren, le querían, que se esforzaron pagando con su propio día a día, con sus propias ilusiones, sacrificando lo único enteramente suyo, para intentar hacerle feliz?
Nunca supo. No sabe. Nunca aprenderá. Es incapaz de reconocer con el corazón este gesto nunca pedido, demasiado noble como para dedicarselo a él y aun así concedido por el simple hecho de querer hacerlo. Por el simple hecho de querer... ¿Cómo se agradece eso? ¿Cómo no hacer daño a alguien que te quiere tanto tan entregadamente que ese sentimiento ya es garantía absoluta de dolor injustificado causado con el más profundo desconocimiento, a veces no tan profundo pero si igual de ingenuo, guardado en el más profundo silencio hasta que desgarra los tímpanos de la razón? ¿Cómo reparar un daño que no se puede coser, que las tiritas no cubren, que los "lo siento" no alivian? ¿Cómo curar una herida que puede que desee seguir sangrando para eliminar el veneno del dolor pasado? Tal vez son esas heridas que la gente dice que no curan, que duelen siempre con cada hilo infinito de sangre que derraman y te recuerdan que una vieja cicatriz de guerra es la mejor memoria de un pasado al que sobreviviste.
 
20 años... ¿Y dónde está esa madurez que se supone que te da la experiencia? Pues perdida, como el tiempo. Como todas esas cosas que se quieren hacer pero se aplazan, y al final no se hacen y se olvidan, y en momentos como este, crueles, regresan a la memoria para dejar constancia de lo que ya no tendrás.
3月31日

Lo que no se ve de un relato

Relato:

Me gustaría soñar que al abrir los ojos las cosas son como las planeamos y no como son, aun siendo como pudimos preveer que serían cuando todo esto empezó.

Me gustaría dormir y, aunque sólo sea en sueños, pues sólo en sueños es posible, estar cuando no estuve en el lugar en el que debería haber estado, pero se me ocurrió tarde, como la hora en la que escribo, como en las horas en las que mejor suelo pensar...

Y cómo me gustaría ver en el futuro inmediato algo más de luz, parte de ese optimismo que reboso ante quien necesita beber de él pero que en privado me castiga con su ausencia...

Y ya estoy familiarizado con esta distancia, esta soledad y este sufrimiento. Y el futuro me depara más de lo mismo... Pero ya no pueden conmigo...

Y me gustaría poder escribir otras cosas pero no puedo ni soñando que lo hago, ni imaginándome capaz. Y no puedo porque las palabras escritas no me permiten menos sinceridad conmigo mismo que la pura verdad... Puedo pensar miles de cosas, pero en el momento de ponerles palabras, aun sólo para mi, o especialmente sólo para mi, ya no se cual es la regla y cual la excepción, no puedo mentir.

Mismo relato, con todo lo que no se escribe escrito:

Me gustaría soñar que al abrir los ojos las cosas son como las planeamos y no como son, aun siendo como pudimos preveer que serían cuando todo esto empezó. (Siempre supiste que sería así no, yo no quería esto no lo querías, pero sabías que así sería... y aun así te aferraste a una ilusión, a una única esperanza yo solo quería que todo fuera diferente... y diferente es, ¿no es lo que querías? no, no así...)

Me gustaría dormir y, aunque sólo sea en sueños, pues sólo en sueños es posible (vives demasiado en los sueños... en tus sueños... DESPIERTA YA), estar cuando no estuve en el lugar en el que debería haber estado, pero se me ocurrió tarde, como la hora en la que escribo, como en las horas en las que mejor suelo pensar... (Siempre tarde)

Y cómo me gustaría ver en el futuro inmediato algo más de luz (¿para qué quieres ver más luz? para... no lo se, para no estar triste si siempre estas triste... no es verdad piensa en un solo momento en el que hayas sido plenamente feliz... no puedes, ¿verdad? tu eres esto, eres tristeza, oscuridad... y cuando no la tienes la buscas... no, yo... no lo niegues, sabes que tengo razón NO! no sabes ser feliz y, en el fondo, es porque no quieres serlo), parte de ese optimismo que reboso ante quien necesita beber de él pero que en privado me castiga con su ausencia...

Y ya estoy familiarizado con esta distancia, esta soledad y este sufrimiento. Y el futuro me depara más de lo mismo... Pero ya no pueden conmigo... (¿seguro? Bueno... tal vez si, pero ante un enemigo que ya está derrotado no tienen nada más que hacer que concederle una tregua para reponer fuerzas... O rematarle)

Y me gustaría poder escribir otras cosas (¿cuales? no lo se, simplemente otras ¿alegres? si... o no, no lo se ¿entonces tristes? ¿como esto? no... tristes no, simplemente mías, como lo que escribía antes... no lo entiendo... pero esto es lo que quieres, y lo sabes no!! eso es mentira... MENTIRA!! ¿seguro? yo... NO TRATES DE ENGAÑARME!!! no trates de engañarte) pero no puedo ni soñando que lo hago, ni imaginándome capaz. Y no puedo porque las palabras escritas no me permiten menos sinceridad conmigo mismo que la pura verdad... Puedo pensar miles de cosas, pero en el momento de ponerles palabras, aun sólo para mi, o especialmente sólo para mi, ya no se cual es la regla y cual la excepción, no puedo mentir.

3月20日

Último día de invierno

Y este es ya el último día de invierno de otro invierno más. Una vez más la nieve y el frío darán paso, haciéndose elegantemente a un lado, a las flores y a la brisa fresca bajo un tímido sol que empieza a regalarnos sus rallos ultravioleta cada vez más dañinos.
Y este es ya el último día. El último día de mi vida pasada, al que le seguirá un mañana que también será el último cuando sea hoy... Y así cada día es el último, pero no se acaba. ¿Y si se acabara?
Ahora mismo se me ocurren dos canciones que preguntan esto: "¿por qué es tan difícil creer que no habrá mañana jamás?" (Escapar, Moby y Amaral), "y puede también que mañana sea la vida y que mañana no exista mañana" (Idiota, Nena Daconte)
La verdad es que para mí sería un gran alivio levantarme mañana y descubrir que no habrá ningún mañana más, que cuando me vaya a la cama por la noche será la última vez que me vaya a dormir... El último día y ya nada más, no más responsabilidades sobre el futuro de quien me dio y da la vida, no más dependencia emocional, no más lazos no correspondidos que me atan a un lugar de que debería despegar de una vez por todas, no más enfrentar lo que tengo contra a lo que debo hacer, no más miedo a un futuro cada vez más incierto en esta vida desmoronada...
Y es que este es ya el último día de invierno, pero todo continúa como si nada.
3月5日

Reflexiones de una noche de sábado

Noche de sábado.
No son ni las 12 y ya estoy acostado
desanimado, rallado, pensando
en mi presente y en mi pasado,
en lo que el hado le tiene reservado
a este pobre pringado
que sufre disfrutando, jugando y soñando,
entrando y saliendo, marchando y volviendo,
que sufre sintiendo, viviendo y queriendo…
Y entiendo:
“No soy feliz y a nadie le importa,
ninguna felicidad depende de otra,
sólo la de este cara de idiota…”
Depende de ti, sabes a quien me refiero,
porque ya te he dicho que te quiero,
depende de una estatua de hielo
impasible incluso ante el fuego,
más inalcanzable para mi que el mismo cielo,
o que temperatura cero en pleno infierno,
ya sea en verano o en invierno.
Y tengo miedo:
con chascar los dedos
dirigirías mi mundo entero,
me moverías con hilos de titiritero,
actuando según tus deseos…
Y muero.
Otro suspiro y pierdo mi aliento entero
y mi vida se fuga en ese pinchazo eterno.
Y no puedo.
Finjo delante de aquellos que aprecio
entre risas de colas de conejo,
y me hundo con el desprecio
que desbordan hacia lo lejos,
comentarios ingenuos,
contra quien seria un mal espejo, pero reflejo
de un yo perplejo que frunce el entrecejo
y guardo silencio gritando por dentro,
y desvío la mirada de su centro,
aturdido, pesado y lento,
y una vez más no me enfrento a lo que siento.
Y entiendo…
“¿Cómo confiar en ellos?
¿Cómo si me demuestran sin saberlo
que el hecho es que no puedo hacerlo?”
1月7日

Y cada día...

...pensaré que me queda un día menos para volver a estar en casa, para veros de nuevo, para estar con vosotros como estas vacaciones... Y así no echaros tanto de menos.
12月23日

Palabras por decir

 
Hace un año ya...
 
Mira el reloj y se queda absorto pensando en la velocidad del tiempo, la facilidad con la que lo despreciamos en nimiedades, en quebraderos de cabeza que no sirven nada más que para dejar oportunidades pasar, mirar las horas avanzar sin ver realmente como se alejan de nosotros para siempre...
Hace un año que empezó a escribir dudoso esas primeras palabras en un space que se gestó durante todo un verano, durante el cual estuvo madurando un nombre adecuado para algo que reflejara un poco su forma de ser... Un poco...
Y de un poco pasó a desvivirse por este space, dejó en él todas esas palabras por decir, disfradadas de silencios en la vida, pintadas aquí de metáforas, dibujadas con sombras difuminadas entre las lineas de relatos a veces deprimentes, a veces absurdos...
Y, a pesar de todo, le han quedado muchas cosas por decir: japoneses que describir, ceremonias del té que revivir para los lectores, danzas de colores interculturales... Momentos de risas, de "El lado oscuro" contra "la magia de Hogwarts", de videos imposibles entre el sabor de las tortitas y los tallarines mutantes, de los "wiiiiii" de la Na-wii-dad...
Y más que le quedarán pues cada vez le cuesta más exponerlas ante aquellos que no ven la poesía... Y cada vez su mérito en escribirlas es menor, pues este silencio ya grita a los cuatro vientos, nada queda en la intimidad de lo desconocido, de la incertidumbre de las sospechas... Nada queda a una imaginación que de inocente tiene poco, y se acompaña de la despiadada y fría lógica, que corta sueños con el filo de la realidad.
Puede que éste sea un relato de despedida, puede que un relato de transición entre lo que fue su blog y un blog, otro de tantos, uno de esos en los que él no se fijaría...
 
Y es que le quedan tantas palabras por decir, y tan pocas ilusiones...
11月4日

Espejismos de acuarela

Escuché al hombre del tiempo decir que llovería, pero no me dí cuenta de lo que oía mientras miraba la tele sin ver nada, esperando a que el tiempo pasase, a que los truenos de un día despejado se calmasen... No lo hacían. Y en la calle todo parecía tranquilo, así que, sin considerar ningun tipo de reloj, cojí mis pinturas y mis lienzos en busca de otra cosa que pintar, a parte de las acusaciones cruzadas y del frío de unos lamentos que no necesito volver a presenciar.
El viento húmedo jugaba a ondularme el cabello, así que lo recojí en una coleta baja. No tenía la cabeza para preocupaciones sin importancia... Simplemente quería dibujar, plasmar la visión de un lugar en el que me gustaría estar, para pasar las horas restantes de mi vida imaginando vivir en él, tan sólo a unos centímetros de mis ojos y tan imposible de visitar.
Caminé veloz entre remolinos de aire cansado, dejando una estela de tonos ocres revoloteando a mi espalda. Las nubes eran sombras en el cielo que oscurecían la luz que llegaba a mis ojos, dejándome ver sólo los tonos tristes del otoño que se transforma progresivamente en invierno, sin que nos demos cuenta.
Encontre en el último aliento de un parque olvidado la compañía que necesitaba, y junto a esa soledad improvisé un caballete en el que apoyar uno de mis lienzos. 
Dejando que mi mano se guiara por un hibrído entre recuerdos y deseos de los árboles moribundos, empecé a dibujar.
Pinté promesas de acuarela y espejismos de felicidad sobre un lienzo que antes había pintado de blanco, no recordaba por qué.
Con un paraiso ante mi rostro aun húmedo, unas lágrimas resbalaron por mi cara... Pero no estaba llorando, era el cielo el que me robó ese capricho... Y, con cada gota cristalina, el paraiso se difuminaba, las acuarelas se mezclaban mostrando los colores de una realidad que no quería ver.
Esperé frustrado a que el agua dejara de diluir mis sueños, pero esperé en vano, pues como mi subconsciente recordó, iba a llover, y mucho... El azul se deslizaba por la tela convirtiendose en verde hasta que, cuando iba a caer al vacío atraído por una gravedad que no veía, se había convertido en el tono marrón oscuro de la muerte...
El tiempo se detuvo sólo para hacerme ver que los sueños no sólo no son reales, sino que se tornan oscuras pesadillas si los dejamos, como yo hice... El lienzo ya había sido usado, ahora empezaba a recordar... Pero no me había gustado lo que pinté la primera vez, así que lo cubrí de blanco, esperando poder pintar algo magestuoso encima y olvidar lo que pinté... Pero olvidé que ese blanco también era acuarela, y la lluvia comenzó a retirar el fino velo líquido mientras yo caía manchándome los pantalones a la altura de las rodillas de barro, con el agua perfilando mi rostro desencajado, mirando un autoretrato que jamás quise dibujar.